
Nadie es perfecto, pero un equipo sí puede serlo. Hay dos tipos de factores, estructurales y dinámicos, que determinan el que los empleados puedan trabajar en equipo.
VARIABLES ESTRUCTURALES:
• Cultura de empresa. De nada sirve impartir formación sobre como trabajar en equipo si la empresa no favorece esta metodología. Resulta muy difícil tratar de crear equipos de trabajo cuando la empresa es muy tradicional. Estas organizaciones suelen tener culturas en las que impera el ordeno y mando, donde el trabajador no es lo suficientemente autónomo como para aportar ideas, tomar decisiones.
• Organización interna. Las diferencias de categoría, las jerarquías, crean diferencias insalvables, que dificultan la relación entre empleados.
• Sistema retributivo. Hay situaciones que juegan en contra del trabajo en equipo y que favorecen la competencia entre los trabajadores.
• Entorno Físico. La falta de comunicación entre los empleados.
• Tecnología. La información es poder por tanto no se comparte, se reserva.
Si al analizar las anteriores variables se confirma que las circunstancias favorecen el trabajo en equipo, se puede empezar a abordar los factores dinámicos, que tienen mas que ver con las personas.
DINÁMICA DE GRUPOS. ¿Que debe tener un equipo para alcanzar los rendimientos adecuados?:
• Visión. El equipo debe tener un objetivo, una meta perfectamente definida que todos los miembros del equipo conozcan y compartan. Normalmente todos llegan a compartir la misma visión, pero cada miembro tiene sus objetivos personales. Por eso es fundamental descubrir cuáles son los objetivos ocultos de cada miembro del equipo. Es como en un equipo de fútbol: todos tienen una meta – ganar la liga, la copa, la de Europa... - , pero hay jugadores que tienen objetivos personales, como no lesionarse, renovar el contrato, etc.”. Así los objetivos personales de cada miembro del grupo inciden en su grado de participación o en su actitud y dificultan que estén tan unidos como debieran. Hay que descubrir esos intereses ocultos para que todo el mundo vaya en esa dirección.
• Competencias. Para que un equipo pueda cumplir sus objetivos, habría que analizar cuáles son los conocimientos y habilidades que se requieren de sus distintos miembros, porque cada uno interpretará un rol funcional. Una vez que el equipo empieza a funcionar, hay que hacer lo posible para que la gente tome conciencia de cual es su nivel de competencia. Tanto en los aspectos profesionales como personales. De esta forma se puede saber si los trabajadores necesitan formación o bien qué aspectos deben corregir en su relación con los demás.
• COMPROMISO. Se trata de ver que interés tiene cada persona en cumplir los objetivos del equipo. Hay gente que cumple con sus tareas y cuando acaba la jornada laboral se va a casa tranquilamente. Otros se comprometen más, tiran del carro, se involucran más, echan horas – aunque esto no significa un mayor compromiso, etc. “La cuestión es que si dentro de un equipo varía el grado de compromiso de sus miembros, el resultado global final se resentirá. Cuando hay personas más acomodadas y las que dedican más esfuerzos perciben que los demás se aprovechan de ello, dejarán de hacerlo. Esto va en detrimento de la dinámica del trabajo en equipo y llega a provocar divisiones entre los compañeros.
• Cohesión. No se trata de que los miembros sean amigos, sino que la información sea transparente y circule con libertad entre todos ellos. Por ejemplo si una persona está descontenta con otra o siente recelos de su trabajo, lo mejor es tratarlo sin tapujos. Si no se hace así, la situación redundará negativamente en los objetivos. A la hora de seleccionar una persona para que forme parte de un grupo de trabajo “es más importante que el o ella sintonice con los objetivos del equipo, porque su grado de compromiso será mayor, que el hecho de que tenga todos los conocimientos, habilidades y experiencia, porque esto se puede adquirir”.
Los miembros de un equipo deben ser seleccionados según las características de la inteligencia emocional, que se basa en:
• El liderazgo. Sobre todo tener iniciativa y también capacidad para conseguir motivar al resto de los compañeros.
• El autoconocimiento. Esto es, percibirse a si mismo de forma equilibrada: saber los puntos fuertes y débiles.
• El autocontrol. Dominar el ego, evitando las ansias de protagonismo.
• La automotivación. En este sistema tan globalizado y competitivo, no esperes que te den palmaditas en la espalda. Te tienes que automotivar.
• La empatía. Hay que comprender y conocer a los demás. Saber que piensan y sienten, percibir sus necesidades.
• La cooperación. Sobran individualistas, gente que crea conflictos y que no sepan trabajar en equipo.
Construir el equipo ideal no es fácil y, en ocasiones, algunas circunstancias pueden dar al traste con el proyecto:
• Nadar a contracorriente. Cuando alguien no comparte los objetivos del equipo, no hay que ser autoritario. Hay que darle oportunidades para que exprese sus objeciones y aporte alternativas. Si esto no funciona es preciso darle un toque de atención, y en caso extremo invitarle a abandonar.
• Seleccionar a un amigo. Parece evidente que el éxito de un equipo se sustenta, sobre todo, en dos pilares: tener muy claros los objetivos y realizar una buena selección.

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